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Telegrafistas

        Para comunicarse a distancia con sus semejantes el hombre ha utilizado desde la antigüedad diversos procedimientos, siendo los más importantes las señales con un significado previamente convenido (humos, teas, banderas, campanas y ruidos, entre otros), habiendo supuesto la telegrafía un avance muy importante desde finales del siglo XVIII.

        El primer sistema fue el conocido como telegrafía óptica que básicamente consistía en la transmisión de signos entre torres que se ubicaban a lo largo del territorio. Tuvo una corta duración al ser sustituido por la transmisión eléctrica que utilizó inicialmente el alfabeto Morse, que hace corresponder a cada letra o número una sucesión variable de puntos o de rayas mediante la apertura o el cierre de una corriente eléctrica. Su implantación fue muy rápida con importantes repercusiones económicas y sociales.

        El descubrimiento por Hertz de las ondas electromagnéticas y el exitoso empeño de Marconi de enviar información a larga distancia sin la utilización de líneas eléctricas, junto a otras aportaciones científicas importantes, todo ello a finales del siglo XIX, dio lugar a la telegrafía sin hilos (TSH) que tuvo un gran desarrollo en los años siguientes.

        En los dos primeros casos el Estado español, de acusada vocación centralizadora,  monopolizó su instalación y explotación como en los demás países, con la excepción de Estados Unidos de Norteamérica. Al coincidir en el tiempo la telegrafía eléctrica y la construcción de los ferrocarriles se permitió a éstos, .su utilización exclusiva, para una mejor explotación de su servicio. En el caso de la telegrafía sin hilos, la participación privada fue muy importante.

        La telegrafía eléctrica, supuso la creación de numerosos puestos de trabajo de muy diversa cualificación, tanto para la instalación de las líneas como en el mantenimiento y funcionamiento de cientos de oficinas de telégrafos. Tuvieron mucha importancia y fueron muy conocidos los de telegrafista y radio-telegrafista.

        Al no requerirse del telegrafista especiales conocimientos o habilidades, la honradez, la profesionalidad y la discreción, pues estaban obligados a guardar “la más absoluta reserva” en todo lo que conocieran en el desempeño de su profesión, han caracterizado al buen propfesional de esta actividad. En el caso de los radio-telegrafistas eran además necesarios un notable conocimiento de los aparatos y gran capacidad para asumir responsabilidades.

        El corporativismo hizo que en 1856 se creara el cuerpo de Telégrafos, al que se unió, en 1869, el personal vinculado a Correos para, tras un largo período de estudio y de manera paulatina separarlos en 1895 para de nuevo, casi un siglo más tarde, en 1981, volver a unificarlos.

        El primer telegrama redactado en euskera no se envió hasta 1904 (1) en que el diputado carlista Arana lo depositara en la estafeta telegráfica del Congreso, acogiéndose al entonces reciente Real Decreto que permitía su circulación “redactados en lenguas y dialectos regionales”. El texto fue el siguiente “Santiago Irala – Ondarroa . Aitorren izkuntz ederrean nere lagun eta erritara biotz barrungo oroipena. Teodoro Arana”. (A mis amigos y paisanos en la hermosa lengua de Aitor, recuerdos desde lo íntimo del corazón).

 

(1) Euskal-Erria, tomo 50 (1er. semestre 1904) pág., 551.


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