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Lavanderas, Planchadoras y Servicio doméstico

       A mediados del siglo XIX los grupos sociales españoles más pudientes empezaron a cambiar sus hábitos tradicionales e iniciaron el veraneo en la Costa Vasca, en lo que influyó, de forma notable Isabel II, que, con 15 años, llegó a San Sebastián el 1 de Agosto de 1845 e inició la costumbre de bañarse en el mar, lo que ya era habitual en la vecina costa de Iparralde. Esta proximidad favoreció el desarrollo del turismo veraniego que, paulatinamente, se fue extendiendo a los pueblos costeros.

       Esta afluencia es muy destacada, pues hace ciento cincuenta años el viaje entre Madrid y el País Vasco era toda una aventura, al tener que hacer el desplazamiento en silla de postas o diligencia, que tardaban en recorrer las ochenta y tres leguas que separaban ambos lugares, más de cuarenta horas, con una noche de posada en venta o parador y cuatro comidas en ruta. La llegada del Ferrocarril del Norte a San Sebastián en 1864 facilitó en gran medida el traslado.

       Desde el punto de vista socio-económico, el veraneo supuso una nueva e importante demanda de servicios, dando lugar a un crecimiento de la actividad durante casi una tercera parte del año (entre junio y septiembre) y a la aparición de nuevos oficios, como los bañeros y las bañeras, a los que nos hemos referido en otra ocasión, las lavanderas y planchadoras y el servicio doméstico (criadas, añas y cocineras).


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