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Carteros

        Todos los pueblos desde la antigüedad pusieron en marcha los más diversos sistemas para el envío de informaciones y objetos materiales que tras una lenta evolución han llegado a constituir el actual servicio de correos.

        La historia del correo español comprende al menos cuatro periodos. El primero el de su formación dependiendo de la Corona que llega hasta principios del siglo XVI, el segundo el del arrendamiento a particulares hasta el primer tercio del siglo XVIII y el tercero el de la administración directa por el Estado (servicio público) para llegar al que actualmente se trata de implantar introduciendo en su gestión criterios de mercado.

        En las dos primeras fases son constantes las disputas  por obtener y conservar el privilegio que suponía la explotación monopolística del correo. Aunque los servicios mejoraron continuamente, hay que llegar a los siglos XVII y XVIII para que los españoles, al igual que la casi totalidad de los estados europeos organizaran los servicios postales y de correos, que pasaron a ser "regulares y periódicos estableciéndose las salidas en días fijos e inalterables arrendándose estafetas hasta en las

Correo

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pequeñas poblaciones huérfanas de comunicaciones", sustituyendo a los anteriores mensajeros y recadistas, así como arrieros que recorrían itinerarios más o menos predeterminados con cierta regularidad.

        Contribuyó decisivamente a esta evolución la necesidad de las monarquías absolutas de contar con este servicio  para ejercer más eficazmente su poder, para en 1716 incluirlo como parte de la Administración estatal.

        La consolidación de la sociedad liberal a partir de la primera mitad del siglo XIX con la formación de un mercado mucho más amplio conllevó un gran desarrollo de las organizaciones específicas dedicadas al traslado, entre otros bienes, de correspondencia, paquetes, metálico y valores.

        En nuestro entorno fue en Cataluña, cuyo comercio tuvo, tradicionalmente, una gran importancia, donde con mucha antelación en relación con los demás países se organizaron los correos por medio de una cofradía o gremio hasta que a principios del siglo XVIII, la corona española asumió este servicio al igual que en el País Vasco, para acabar centralizándolo y uniformándolo.

        En la organización que pudiéramos llamar moderna del correo, en la que se diferencian el transporte y el reparto, el cartero, responsable de esta última tarea, buscaba sobre todo prestar un buen servicio, adquiriendo singular importancia en la organización social. Como en otros oficios, los avances tecnológicos como el telex, el fax y el correo electrónico, han sustituido algunas de las funciones, a pesar de lo cual y adaptado a las nuevas situaciones sigue recorriendo calles y plazas y acudiendo con puntualidad a nuestros domicilios.


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