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Cultivadores de tabaco

        Los hombres han fumado determinados productos vegetales con finalidades curativas o placenteras desde la antigüedad. Esta costumbre recibió un gran impulso, sobre todo a partir del inicio del siglo XVII con la llegada del tabaco que los españoles trajeron de América.

        Muy pronto los gobernantes descubrieron que el consumo de tabaco podía constituir una importante fuente de ingresos, monopolizando y gravando su cultivo y comercio. Aunque las Cortes Liberales de Cádiz decidieron en 1817 la plena libertad de su producción y tráfico, el acuerdo únicamente estuvo vigente mes y medio, al ser anulado por Fernando VII al volver a reinar en España. Esta situación con las necesarias adaptaciones a cada época se ha mantenido hasta hace pocos años (1).

        La paulatina pérdida de poderío naval español a partir de finales del siglo XVII, favoreció la piratería dificultando las importaciones lo que conllevó un notable aumento del cultivo, en no pocas ocasiones,

Plantas

Plantas de tabaco en la última fase de crecimiento .

clandestino, para poder satisfacer la creciente demanda. La pérdida de las últimas colonias – Cuba, Puerto Rico y Filipinas a finales del siglo XIX - añadió nuevas dificultades para la disponibilidad de tabaco.

        La necesidad de su cultivo fue ganando terreno siendo Baleares y Canarias, las que consiguieron las primeras autorizaciones. Pero hay que llegar hasta la segunda década del siglo XX, para que su laboreo tuviera entidad.

        Como señalan Manuel Llanos y Jaime Luis Zubia (2), es muy posible que se cultivara tabaco en el País Vasco, de forma clandestina el siglo XIX, aunque las primeras autorizaciones del monopolio se producen entre 1899 y 1.902 en Bizkaia, si bien es en la campaña 1932-1933 cuando se extiende su laboreo a numerosas localidades. Su cultivo en Gipuzkoa se mantuvo algo más de tres décadas. Actualmente en la CAPVsolo se lleva a cabo en algunos lugares de Alaba y Navarra. En el 2001 el conjunto español fue el tercer productor de tabaco de la Unión Europea, que trata de reducir la producción con una ayuda máxima de hasta 300.000 € para financiar nuevas actividades económicas. La condición esencial para obtener este apoyo esel abandono definitivo de su cultivo y de la cuota asignada.

        Las actividades realizadas con el tabaco han estado tradicionalmente muy controlado por la Administración Pública que facilitaba a los baserritarras las semillas para su cultivo. Tras un proceso relativamente largo que requería una aportación manual mayor que cualquier otro cultivo, obtenían las hojas verdes de esta planta con el adecuado grado de humedad, procediendo a su curado (secado) para entregarlo, mediante el pago de un precio, al Servicio Nacional regulador de este sector, que tras su fermentación lo hacía llegar a las empresas especializadas en obtener las labores que se ofrecen a los consumidores.

        En los difíciles años que siguieron a la guerra civil el cultivo de tabaco, una vez dominado el oficio de su laboreo, aportó notables recursos económicos a los baserritarras, que lo abandonaron sobre todo al aparecer opciones laborales de mayor rendimiento. Esta actividad tiende a concentrarse actualmente en las regiones de menor renta per capita como Extremadura (el 85% del conjunto español)  Andalucía así como el Mezzogiorno y el Sur en Italia y la zona norte de Grecia.

 

(1) Tabacalera y el Estanco del Tabaco en España 1636-1998. Francisco Comín Comín y Pablo Martín Aceña. Fundación tabacalera 1999.

(2) Nuestro tabaco oscuro. Enciclopedia guipuzcoana. Fascículo 2. Manuel Llanos y Jaime Zubia. Publicaciones Vardulia San Sebastián 1964.


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