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Constructores de tranvías aéreos

        El progresivo agotamiento en la zona minera vizcaína de los criaderos con mayor contenido de hierro obligó a la explotación de los minerales que anteriormente se habían desechado, siendo el más característico los detritus formados por rubio mezclado con arcillas y rocas y que se conoce con el nombre de "chirta" que exigía un proceso de lavado (para la separación de los elementos esteriles), antes de su utilización en los altos hornos o para la exportación.

        En los casos en que junto a la chirta no se disponía del agua suficiente para su lavado era necesario su translado hasta los lugares en que contaba con la misma.

        En procedimiento inicial (tracción animal) fue sustituido por los tranvías aéreos llamados también líneas de baldes que unían las escombreras y los lavaderos, sobre todo en los casos que había que salvar desniveles topográficos importantes. El mismo procedimiento de transporte se utilizaba para la chirta lavada cuando era posible realizar esta operación junto al lugar en que se encontraba.

        Básicamente los tranvías aéreos consistían en uno o varios cables aéreos apoyados en caballetes, de madera o metálicos, de los que pendían los baldes en los que se cargaba el material a transportar. Tenían notables ventajas sobre otros medios de transporte pues su construcción rectilínea se adaptaba bien al terreno no exigiendo grandes explanaciones ni túneles, atravesando, además, sin mayores complicaciones otras vías de comunicación.

La Rochell

Línea de baldes La Rochell en Gallaría a fínales del siglo XIX. (Museo Minero Gallarta).

        El primer tranvía aéreo se construyó en 1872 uniendo los yacimientos de Matamotos y la Estación de Arcocha del ferrocarril de Triano. Antes del fines del siglo se pusieron en marcha otros 17, y en la primera parte del XX una veintena más. Los viejos mineros estiman en unas 50 las líneas de baldes que llegaron a funcionar en la zona.

        La construcción de este medio de transporte requería habilidades y experiencia a los trabajadores especializados en esta tarea, que en muchas ocasiones se ocupaban posteriormente de su funcionamiento y mantenimiento, a pesar de lo cual su retribución salarial no era substancialmente diferente de la de los mineros.

        Inicialmente la chirta se recogía en cestos que se transportaban a hombros o en carros tirados por bueyes, o cargados en caballerías hasta corrientes de agua sobre las que se vertía para revolver con una azada hasta lograr una cierta separación del mineral del hierro del resto de los materiales estériles que la acompañaban.

        Desde finales del S XIX las tierras ferruginosas se recogían en vagones o vagonetas que se vertían en depósitos desde los que mediante una compuerta reguladora se cargaban directamente a los baldes conocidos como "tinacos" y suspendidos en el tranvía aéreo, aunque a veces era

Tinacos

        necesario el uso de azadas al apelmazarse los materiales. Al término de su recorrido se volcaban en unos almacenes llamados "maseras", regresando vacíos al lugar de carga. A su vez la chirta pasaba a los "tromeles" iniciando el proceso de lavado que grupos de mujeres terminaban separando manualmente los materiales no deseados.

        El número de baldes se contaba utilizando "ábacos" (una tabla de reducidas dimensiones con agujeros en los que se introducía una clavija cada vez que se enviaba o recibía un recipiente).


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