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Una profesión muy singular

       La vida y el trabajo de los fareros ha estado tradicionalmente rodeada de un cierto misterio, siendo muy abundantes en la literatura escrita y oral las leyendas, quizás historias, que les atribuyen hechos y circunstancias muy singulares.

       Un torrero tan experimentado como Matías Carballo Vidal considera que "quizás lo peor era el aislamiento (los faros cuentan con vivienda),que se combatía pescando y cuidando algún ganado y aves de corral y cuando la situación lo hacía posible cazando". También recuerda que algunos fareros desarrollaron sus capacidades manuales construyendo embarcaciones que vendían a terceros.

       La radio (las famosas RCA) eran su principal conexión con el exterior, cargándose con molinos de viento que fabricaban y mantenían. Algunos, evidentemente los menos, se dedicaban a estudio. El aprovisionamiento de los productos más necesarios sobre todo alimenticios, les obligaba a periódicos desplazamientos. En los casos de faros aislados y alejados solían disponer de horno para hacer pan.

       Los problemas más serios se planteaban en los casos de enfermedad "que había que solucionar con la experiencia", que era totalmente Imprescindible para ayudar a parir y "amarrar el ombligo y cortar". También los fareros enseñaban a sus hijos "las primeras letras y las segundas hasta donde se podía". En los faros llegaban a convivir dos y hasta tres familias con los consiguientes riesgos que supone la casi permanente relación entre un reducido grupo de personas. En estos casos asumía la jefatura el más antiguo en el escalafón.

       No todos eran capaces de soportar esta forma de vida que exigía capacidad para el aislamiento que se hacía más llevadero en la medida en que trabajar en el campo ó en el cuidado de aves y ganado no fuera una carga o se tuvieran otras aficiones que en algunos casos llegaban a ser una segunda profesión.

       Los torreros no han estado bien retribuidos (al nivel de un maestro de escuela), aunque en los casos de faros o señales de servicio especiales (cuya maquinaria exige conocimientos singulares), o los aislados (a los que nos hemos referido anteriormente) se mejoraba sustancialmente la compensación económica.

       En la costa vasca al encontrarse los faros cercanos a los núcleos urbanos no se han dado situaciones de aislamiento.

       Actualmente las condiciones en que los fareros desempeñan su trabajo han mejorado sustancialmente tanto por la exigencia de una notable cualificación profesional como por la mejora de las condiciones de trabajo.


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