J.H. Mauméjean Fréres, desarrolló una gran actividad, en nuestro entorno, en la construcción y reparación de vidrieras. Entre otras caben señalar las de la Catedral de Pamplona, el gran Seminario de Bayona (hoy Auditorim de la Orquesta de la Costa Vasca), las de la Parroquia de Santa Ana de Hendaya y los vitrales de la Cripta de la Catedral nueva de Vitoria (1909). Este contexto facilitó el conocimiento del oficio a Simón Berasaluce, así como las enseñanzas de su compañero de trabajo y profesor, el vidrierista alemán Kruppel, fueron también destacables. En Mayo de 1936, tras una corta estancia en Hendaya pasó a la sede central de la empresa en París, etapa que fue muy importante en su formación artística.
Su etapa parisina, siempre en la misma empresa, duró dieciséis años, hasta 1952, en que se trasladó a Estados Unidos de Norteamérica, contratado por Edward W. Hiemer & Company, de Clifton, Nueva Jersey. Simón Berasaluce ya era un consumado artista vidriero, que dominaba también su construcción y los distintos estilos clásicos, siendo a la vez innovador con un gran prestigio europeo. Así mismo su afabilidad le hacía ganar el respeto de quienes con él se relacionaban. A principios de los años cincuenta del siglo XX ganó un concurso público para crear vidrieras para el Sacre Coeur de Montmartre, lo que le dio a conocer
Vidriera creada por Simón Berasaluce en su época americana.
El desarrollo personal y profesional de Simón Berasaluce, un hombre de vasta cultura, que nunca condujo un automóvil y que siempre vivió en las proximidades del lugar donde trabajaba, no puede explicarse sin el apoyo de María Ignacia Aranzabal, con quien se casó en 1961.
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