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Txistus

       Todas las civilizaciones conocidas han creado música, entendida como la combinación de sonidos de la voz y de los instrumentos o de ambos a la vez, que afectan a la sensibilidad humana. Su evolución, reflejando la cultura de cada época, ha sido constante hasta llegar a la complejidad actual.

       A lo largo de la historia los hombres han construido toda clase de instrumentos de música utilizando los materiales y la tecnología de que disponían. Uno de ellos han sido las flautas, de las que han existido innumerables variedades y que en la clasificación generalmente admitida se engloban dentro de los llamados aerófonos. A su vez, nuestro txis-tu, la flauta vasca, se incluye entre las verticales de bisel, en los que la embocadura está en un extremo y dispone de un conducto de entrada de aire que se dirige contra un fino borde situado en un orificio inferior.

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Despiece de un txistu (Julen Zabaleta)

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Fotografía de José Urain "txambolin", txistulari municipal de Deba (Gipuzkoa) durante setenta años, desde 1839 hasta su fallecimiento en 1909.

       Los estudiosos incluyen dentro de este instrumento a la flauta ordinaria (txistu), la txirula de menor tamaño y el silbote.

       Su antecedente más remoto se encontró en las investigaciones arqueológicas que llevó a cabo en 1921 el profesor Passemard, de la Universidad de Estrasburgo, en la cuenca del río Nive/Errobi en una cueva paleolítica próxima a la localidad labortana de Isturiz, con antigüedad de 25.000 años. La prehistórica flauta de hueso de ave, con tres orificios perforados en uno de sus extremos se conserva en el Museo de Saint-Germain-en-Laye, cerca de París. Mide doce centímetros de longitud y quince milímetros de diámetro.

       Arturo Campion nos informa que el Códice de Roda señala que en el siglo IX sonaba el txistu (tibia) en Pamplona. Asimismo en la fachada del Monasterio de La Oliva en Carcastillo (Navarra) hay una tosca estatuilla del siglo XII representando a un hombre que toca un txistu y el tamboril.

       Otras culturas, desde las europeas hasta las de distintos continentes, han encontrado ejemplares similares a nuestro prehistórico txistu, generalmente construidas con huesos, incluso humanos, pues no puede olvidarse que con el uso de esta materia ósea se evita el agujereado interior, uno de los trabajos más difíciles de llevar a cabo.

       Además de los vascos, para los que el txistu tiene un relevante significado, otros pueblos utilizan instrumentos musicales muy parecidos, desde las comunidades cercanas a las de otros países en los que los llaman con distintos nombres, si bien hay que señalar que somos nosotros los que hemos sabido obtener de estos instrumentos el mayor aprovechamiento musical. Por otro lado, tradicionalmente el txistu ha sido fundamental en todos nuestros actos civiles y religiosos más importantes.

       En las últimas décadas el txistu ha tenido una gran evolución positiva, sobre todo por su adaptación a la música actual, gracias a las aportaciones de maestros como José Ignacio Ansorena. Su valoración social también ha ido en aumento. El apoyo de las administraciones públicas, Diputaciones y Ayuntamientos, entre otros está siendo creciente.


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