Todo el trabajo de los Martín Ibarra es artesanal, calentando las piezas en la fragua y dándoles forma a golpes de martillo sobre el yunque. Las piezas grandes las conforman bajo el mazo del martinete mecánico, que aunque les evita una labor penosa, precisa de mucha habilidad para ir moviendo y colocando la pieza en la posición correcta, sujetándola con tenazas utilizando ambas manos y accionando la máquina a pedal, de forma que reciba los sucesivos golpes en el lugar y con la intensidad adecuadas, para obtener las formas deseadas.
La habilidad y la experiencia siguen siendo fundamentales en el trabajo de los rejeros. Maite Ibarra en su taller familiar de Elgorriaga (Navarra). Foto C.U. (11/96).
Destaca en los Martín-lbarra, a los que acompañan en el trabajo dos de sus ocho hijos, la pasión por el trabajo bien hecho, al que siempre tratan de aportar su concepción personal. Sin embargo, firman y fechan pocas veces las obras que realizan, apesar de tener su propio cuño, como fue frecuente en el pasado incluso en Nabarra "en Egui"(2).
Los materiales que necesitan los adquieren en Pamplona y los precios que ofertan a los clientes, se obtienen de agregar, al coste de las primeras materias, el resultado de aplicar, a las horas previstas emplear en el trabajo, el precio vigente, en cualquier caso inferior al habitual en el mercado para tareas de mucho menor contenido tecnológico.
La actividad que han sabido crear y desarrollar los Martín-lbarra, todo hace pensar que afortunadamente va a tener continuidad en sus hijos, aunque la entrega y el "saber hacer" artesanal de Francisco y Maite sean difícilmente repetibles.
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