Una vez que la empresa especializada en el suministro de energía eléctrica tomaba la decisión de unir un centro de producción con otro de consumo, eran sus equipos técnicos los que decidían el trazado concreto de la línea y los lugares de apoyo (postes) de la misma, lo que hacían sobre el terreno, pues la documentación cartográfica disponible, no ofrecía todas las informaciones necesarias. Siempre procuraban seguir la línea recta con objeto de utilizar el menor número de postes y cables (de elevado precio comparativo en la época), aún a costa de una mayor necesidad de mano de obra (de menos coste), para su montaje, lo que suponía que el trazado lineal del tendido obviaba cualquier accidente del terreno (montes, ríos, barrancos, etc.) con tal de no realizar cambios
Transportando postes (Dibujos Julen Zabaleta) .
Hasta mediados del siglo XIX la mayoría de los postes utilizados, que debían acoplarse a los relieves del terreno, eran de madera, preferentemente de pino del Pirineo, y del centro y norte de Europa en el caso de precisarse alturas que podían llegar hasta los 17 metros e iban impregnados en creosota (lo que les dotaba de un desagradable y característico olor), con objeto de evitar su pudrición. También se utilizaban, aunque con menos frecuencia, la acacia y el casta-o del País, cuyos extremos inferiores se carbonizaban superficialmente en la parte que se preveía introducir bajo tierra. En las líneas de mayor importancia los apoyos ya eran de entramado metálico, entre los que destacaban el conocido como "tipo gilda" (obviamente por sus formas) empezando a utilizarse los de hormigón, para conformar los cimientos de apoyo (bancadas).
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