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La producción de hojas de Guadaña

Talleres Rugui

         La fabricación de hojas de guadaña también fue una actividad de entidad en el taller de Roman Ucín, en Azpeitia.

         Para su fabricación, partían de llanta de acero y tras su calentamiento, iban deformando el material ensanchándolo, estirándolo y dándole la forma curva por medio de repetidos y numerosos golpes dados por dos martinetes mecánicos excéntricos y de ballesta, fabricados (o adaptados) por el propio Roman Ucín.

         Los trabajadores colocaban entre las bocas de la máquina el trozo de acero caliente, que sujetaban con tenazas, y lo iban moviendo adecuadamente a medida que los sucesivos golpes lo iban aplastando, hasta conseguir la forma deseada. Seguidamente, la templaban calentándola a ojo y enfriándola rápidamente en aceite.

         Este sistema de endurecimiento del acero, sin ningún tipo de control, les creaba con frecuencia problemas, al no conseguir la dureza necesaria o al sobrepasarla, dando lugar en este caso, a que la hoja o partes de ella, durante su utilización, se rompieran fácilmente con cualquier golpe. Seguidamente la afilaban con piedras giratorias de arenisca refrigeradas con agua.

         En este taller llegaron a trabajar, hacia 1930, 25 trabajadores repartidos en dos turnos, obteniendo una producción del orden de 100 hojas de guadaña al día. La fabricación de esta herramienta requería habilidad y experiencia, por lo que muchos de los trabajadores eran oficiales que trabajaban a destajo.

         Se fabricaban diversos modelos y tamaños, que en general, se suministraban sin picar o afilar el borde cortante, labor que efectuaban especialistas, externos a la empresa, entre los que destacaban Barrentzu de Zarauz y los de Asteasu. Estos artesanos efectuaban este acabado sobre pedido y de acuerdo con los deseos del usuario final.

         Los trabajadores procedían del entorno y eran en su mayoría de los caseríos, que sin ningún conocimiento previo, aprendían a desempeñar el trabajo por experiencia. Alguno de ellos se independizó, creando su propio taller de herrería, como Erreuste de Urrestilla, quien se mantuvo activo hasta hace unos pocos años.

 

Patricio Echeverría

         Una parte de las hojas de guadaña consumidas se importaba de otros países europeos, siendo la marca "Acier Diamon" la de más prestigio entre los agricultores, hasta que Patricio Echeverría, en Legazpia, inició y desarrolló sistemas avanzados para la época, de fabricación y comercialización.

         Patricio Echeverría, herrero de formación, fundó en 1908, a los 26 años, la empresa "Segura, Echeverría y Cía", instalada en Legazpia, dedicada a la fabricación de herramientas manuales forjadas para,  "agricultura, minería y oficios", siendo sus primeros productos, azadas de diversos tamaños y formas, azadones para minas y obras, horquillas, rastrillos, picachones, mazos, macetas de cantero, martillos, martillos de fragua y otras herramientas.

         En 1919 se independizó, creciendo rápidamente, de forma que sus productos, bajo la marca "Bellota", adquirieron gran prestigio en todo el mercado español. En 1931 la plantilla sobrepasaba los 500 trabajadores y en 1966 los 3.000.

         La empresa, dirigida de manera muy personal por su fundador, como era habitual en la época, pronto tuvo un carácter integral, produciendo, desde los aceros necesarios, hasta la terminación total de sus productos, al mismo tiempo que fue, progresivamente, ampliando su gama de fabricación. En 1931 incorporó la fabricación de guadañas para segar cereales y hierba y, de rozones (más cortos) para helecho, en diversas formas y tamaños, con longitudes desde 460 mm. a 860 y peso de 600  a 1.200 gramos. En la década de los setenta inició su implantación en el extranjero, principalmente en Sudamérica.

         Inicialmente utilizaron tecnología austríaca implantada por dos técnicos de esta nacionalidad que se trasladaron a Legazpia, importándose maquinaria que se instaló en un taller diferenciado destinado a la  fabricación de esta herramienta

         Las guadañas fueron una herramienta de gran consumo en la época, dado el gran peso de la agricultura y la cantidad de personas que empleaba, que realizaban una parte importante de las labores utilizando herramientas manuales, debido a la reducida mecanización de la época. Al igual que el resto de las herramientas Bellota, las guadañas adquirieron gran prestigio por su calidad y buen rendimiento, de forma tal, que las fabricadas en Legazpia abastecían una parte muy importante del consumo español.

         Su fabricación se mantuvo durante 59 años siguiendo los mismos métodos y técnicas, y utilizando la misma maquinaria, sin que se introdujeran cambios apreciables en todo este período, hasta el cese definitivo de su producción en 1990.

         Actualmente son contadas las empresas europeas fabricantes de hoces y guadañas, destacando la austríaca Sonnleithner Gesmbh & Co Kg, fundada en 1846.


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