Los Odriozola de Mutriku elaboraban anclas de hierro de diversos pesos y tamaños para uso de las embarcaciones de pesca locales. El tipo de ancla fabricado consistía básicamente en un eje central de uno de cuyos extremos salían cuatro patas o uñas con sus extremos aplanados y puntiagudos.
Para elaborar un ancla forjada partían de una barra cilindrica que una vez calentada en la fragua con carbón mineral, hasta la temperatura necesaria, era golpeada entre una o dos personas sobre el yunque con las porras, adelgazándola por uno de sus extremos y alargándola ligeramente. A continuación y una vez calentada de nuevo, se hacía en el extremo más delgado un orificio por el que posteriormente se pasaría la anilla donde atar la cuerda que la uniría a la embarcación. Para ello colocaban la barra sobre el yunque y posicionando sobre ella el extremo de un puntero lo golpeaban fuertemente con el mazo. La herramienta se iba introduciendo en la barra abriéndose paso entre el material y perforándolo, hasta atravesarlo dejando un orificio que a continuación se agrandaba y redondeaba también a golpes.
Astillero de Pedro Manuel en 1.918, para el que trabajaron los Odriozola durante generaciones. Del libro Mutrikuko Argazkiak.
Seguidamente, elaboraba lo que iban a ser cada una de las cuatro patas o uñas. Para ello partía de una barra de hierro más dedada que la del eje central y una vez cortada a la medida conveniente la calentaban en la fragua hasta tenerla al rojo vivo. A continuación la colocaba sobre el yunque y a golpes de martillo adelgazaba uno de sus extremos dándole forma puntiaguda para seguidamente aplastar el mismo extremo dejándolo en forma de punta de lanza.
Obtenidas las cuatro piezas iguales pasaba a soldarlas al eje principal, operación que efectuaba a base de colocarlas una encima de la otra con tenazas, y golpearlas con la porra o mazo de forma continua y rápida, hasta conseguir su unión por soldadura. Esta operación debía ejecutarse con mucho cuidado, justo a la temperatura adecuada, evitando que el material se oxidara superficialmente, lo que dificultaría su soldadura. Una vez conseguida la perfecta unión del eje y las cuatro uñas, procedía a curvarlas, lo que conseguía calentando de nuevo en la fragua, y una vez de nuevo a la temperatura de forja golpeando cada una de las uñas sobre el extremo cónico del yunque hasta darles la curvatura deseada.
Finalmente elaboraba también a golpes y al rojo, sobre el yunque, un anillo, partiendo de un trozo de barra y lo colocaba en el orificio del extremo superior, operación con la que quedaba finalizado el proceso de fabricación del ancla forjada.
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