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El acero de Mondragón

        Aunque para la fabricación de herrajes, clavos, rejas, etc. era suficiente el hierro de calidad media, para la elaboración de armas blancas y en especial espadas se precisaba un material de mayor calidad que permitiera obtener al mismo tiempo un filo duro y resistente a los impactos y una hoja elástica y flexible que no se quebrara al ser curvada, o lo que es lo mismo de un acero de buena calidad que fuera susceptible de ser templado o endurecido después de haberle dado forma de espada por un proceso de forjado.

        El desarrollo en el País Vasco de una importante actividad elaboradora de armas blancas, fue posible gracias a la disponibilidad del llamado “acero de Mondragón”.

        Este material con el que también se fabricaron durante mucho tiempo las espadas de Toledo, fue considerado como uno de los mejores de Europa en los siglos XV a XVII.

        La historia de este material y de los hombres que lo obtenían, ha sido investigada recientemente con gran acierto por José Antonio Azpiazu (1) y el proceso técnico de su obtención por el equipo de la Asociación Burdiñola de Legazpia (2).

        Según estos autores la gran calidad provenía principalmente de la concurrencia de dos factores: un método de fabricación avanzado y la disponibilidad de un mineral excepcional que se extraía de las laderas del Udalaitz.

        En casi todas las herrerías de hierro del País Vasco se aplicaba un método de fabricación directo por el que se pasaba el mineral de hierro en una sola operación del horno. También el acero podía ser obtenido por este procedimiento, pero la calidad resultante era baja, debido a la gran irregularidad de los productos elaborados que presentaban zonas duras junto a otras blandas, para evitar lo cual había que forjarlos muchas veces hasta lograr cierta homogeneidad.

Extraciión de mineral

La extracción del mineral en Udala para la obtención del acero, se llevaba a cabo sobre todo a cielo abierto y utilizando únicamente palancas y otras herramientas manuales. (Dibujo de Julen Zabaleta).

        Los ferrones de Mondragón siguieron un método de fabricación avanzado, indirecto , así llamado porque en una primera operación del horno, se pasaba del mineral a una especie de arrabio alto en carbono, llamado en Mondragón “raya” y en una segunda operación se rebajaba el carbono de esa raya hasta conseguir el acero deseado. La primera operación era realizada en unas ferrerías llamadas por los mondragoneses “masuqueras”, en las que se conseguía una gran producción; de la segunda se ocupaban las ferrerías “tiraderas” en las que los oficiales ferrones, conocidos como “tenaceros” desarrollaban una labor de verdadera artesanía, de muy baja producción, con un cuidadoso control de calidad de los productos obtenidos.

        Este método indirecto , utilizado en Mondragón hace varios siglos, es, en lo fundamental, el que hoy se emplea para producir acero en la siderurgia moderna.

        Además en Mondragón disponían de un mineral excepcional que se extraía en las laderas del monte Udalaitz y que se agotó hacia el siglo XVII. Contenía una mezcla de óxido férrico y de carbonato cálcico que aunque hubiera resultado excesivamente pobre para la siderurgia actual, en la época, facilitaba y abarataba considerablemente a los ferrones la aplicación de método indirecto arriba señalado. La obtención de la “raya” que, con el mineral normal alto en óxido férrico que se empleaba en las ferrerías vascas, hubiera requerido una operación larga y costosa, se realizaba con gran facilidad y rapidez gracias al mineral de Udalaitz.

        Con el método directo el hierro o el acero no llegaban a estar líquidos en ningún momento; en el indirecto la raya se obtenía líquida, lo que, juntamente con una forja adecuada y suficiente del producto final, favorecía la homogeniedad de éste, y con ello su gran calidad.

        La existencia de esta excelente materia prima, unida en una técnica refinada de soldadura de barras de acero, a “la calda”, a martillo sobre yunque, difícil de realizar correctamente y dominada por nuestros maestros espaderos, fueron los elementos que hicieron posible la elaboración de armas blancas que alcanzaron gran renombre en toda Europa hasta el punto que los fabricantes de Solingen en Alemania y Milán en Italia frecuentemente marcaban sus productos, de inferior calidad, con la marca de conocidos maestros espaderos vascos, para hacerlos pasar como productos fabricados por estos últimos.

Forja de espadas

En primer plano un maestro forja sobre un yunque un trozo de hierro y acero, sujetándolo con unas tenazas y golpeándolo con un martillo para darle la forma deseada.

Junto a la fragua un oficial introduce barras para su calentamiento. Detrás un aprendiz tira de una cadena que a tráves de una pértiga acciona el fuelle situado detrás del muro y que insufla aire al hogar, alimentado con carbón vegetal. (Dibujo de Julen Zabaleta) .

        La dimensión del fraude debía ser importante, pues hasta las Juntas Generales de la Provincia de 1553 tratan el asunto y aprueban la prohibición de su importación por el daño que se causaba a los forjadores guipuzcoanos.

        Según Ramiro Larrañaga (3) para la fabricación de armas blancas en Toledo, se empleaba el acero de Mondragón, lo que dio fama y renombre a los fabricantes, pues la villa guipuzcoana era la única que por aquellos tiempos disponía de materia prima de tan excelentes cualidades y de la misma “procedían los hermosos aceros donde tuvieron origen las inimitables espadas toledanas”.

 

(1) José Antonio Azpiazu. El acero de Mondragón en la época de Garibai. Ayuntamiento de Arrasate-Mondragón 1.999.

(2) José Antonio Azpiazu. Obra citada.

(3) Ramiro Larrañaga. Espaderos vascos en Toledo. Separata de Cuaderno sección Prehistoria-Arqueología. Eusko-Ikaskuntza 1.984.


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