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Maestros vidrieros

La Real Academia Española define el vidrio como “sustancia dura, frágil, transparente, por la común de brillo especial, insoluble en casi todos los cuerpos conocidos y fusible a elevadas temperaturas”. El inicio de su elaboración, generalmente se sitúa en Siria hacia 1.700 años a.c., manteniendo los artífices de este país y los egipcios el monopolio de su producción hasta el comienzo de la era cristiana, a partir de la cual la invención del procedimiento del soplado, que facilitó su obtención y el desarrollo de las vidrieras, conllevaron a su gran expansión.

Formado por una combinación de sílice con potasa o sosa y pequeñas cantidades de otros materiales, ha sido históricamente utilizado por todas las culturas, con ininterrumpidos avances en su calidad y en las tecnologías para su fabricación. Sin embargo no se logró su presencia en la vida cotidiana hasta que empezó a producirse industrialmente, siendo en la actualidad su uso generalizado.

Georgious Agricola, en su obra De Re Metalica de la minería y los metales, publicada en Basilea en 1.556, tras describir los materiales y procedimientos utilizados en la fabricación del vidrio, manifiesta “los vidrieros fabrican artículos muy variados, copas, cubiletes, jarros, frascos, platos, fuentes, paneles de vidrio, animales, árboles y barcos, obras excelentes y maravillosas que yo he visto cuando pasé dos años enteros en Venecia, hace tiempo. Se vendían especialmente en la feria de la Ascensión, en Murano, donde están los principales artífices vidrieros.

En 1.445, la corporación de vidrieros de Barcelona contaba con su estatuto y un edicto francés de 1.691 al clasificar las 127 corporaciones de oficio según su importancia, consideró de segunda clase (entre las 4 posibles) a los vidrieros loceros (fabricantes de loza) y en 1.776 para poder ejercer este oficio se exigían cuatro años de aprendizaje y seis con un maestro, así como superar una prueba final y pagar los aranceles establecidos. Sin embargo, al margen de las corporaciones oficiales y de las normas vigentes, funcionaba (el compañerismo), que en la práctica sustituía al sistema tradicional y que después de seis años de aprendizaje y cuatro de “tutela” de un maestro, los aprendices eran recibidos “de maestros sin gastos ni examen”.

Los maestros vidrieros María Begoña Gómez y Francisco Javier Pérez

Los maestros vidrieros María Begoña Gómez y Francisco Javier Pérez en su taller de Miraballes. (Fotografía: C. U.).

La tradición española en la obtención del vidrio y su ornamentación es notable, no pudiéndose decir lo mismo de nuestro país, a pesar de lo cual actualmente contamos con destacados artífices del vidrio. Unos de los más destacados son Maria Begoña Gómez y Francisco Javier Pérez de Burgos, que utilizando la técnica del “fusing” o fusión del vidrio consiguen un gran número de piezas de decoración, reproducciones en varios tamaños de obras de conocidos pintores y realización de obras propias.


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