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Cigarreras donostiarras

       Mucho se debieron de sorprender los colonizadores españoles al desembarcar en el continente americano a fines del siglo XV y observar, que los indígenas llevaban en la mano una especie de canutos formados con hojas secas enrolladas, encendidos por un extremo y que aspiraban por el opuesto, exhalando después el humo. No podían imaginarse que una costumbre tan extraña - fumar el tabaco - en menos de un siglo se iba a convertir en un hábito social en una gran parte del mundo y que, quinientos años más tarde, se trataría de limitar y hasta prohibir su consumo por sus perjudiciales efectos en la salud de las personas.

       El tabaco es una planta de la familia de las solanáceas del género Nicotiniana, cuyas hojas anchas, convenientemente tratadas, son susceptibles de ser mascadas, aspiradas (en polvo) o fumadas. Se trata de una planta anual de gran tamaño, que alcanza una altura que oscila entre dos y tres metros; de raíz fibrosa, tallo herbáceo, velloso y con médula blanca.

       Muy pronto, los gobernantes descubrieron que el consumo de tabaco podía constituir una importante fuente de ingresos, abriendo camino la monarquía española que, en torno a 1610, gravó su importación con

Tabacalera

Vista desde el paseo Arbol de Guernica de la estación del Norte, el puente de madera del Maria Cristina, Plaza de Toros de Atocha y el Edificio de la Tabacalera en construcción. Detrás, Duque de Mandas y al fondo, el cementerio de Polloe, a fines del siglo XIX (Fototeca Kutxa).

Tabacalera

Vista de la Tabacalera en 1956. Em primer plano, izquierda, puente María Cristina (Fototeca Kutxa) .

una regalía variable, según procedencia del producto (derecho de tipo económico o financiero que correspondía a la corona con carácter privativo y exclusivo). Poco después, en 1636, monopolizó la comercialización, prácticas que, en distintas épocas y con variadas formas, fueron aplicándose en buena parte de los países más desarrollados y que con las adaptaciones que se han creído oportunas, se han mantenido hasta nuestros días aunque estas prácticas están en retroceso. Entre los que mantienen la libre fabricación distribución hay que destacar a Estados Unidos de Norteamérica, el gran productor mundial.

       Las fases del proceso de producción del tabaco son esencialmente cuatro:

  1. Cultivo (la obtención de las hojas verdes con adecuado grado de madurez).
  2. Curado (la producción de tabaco seco sin fermentar).
  3. Fermentación o acondicionamiento (la obtención de tabaco fermentado).
  4. Fabricación (la confección de las distintas modalidades del consumo del tabaco).

 

       Las dos primeras fases son realizadas por el sector agrícola, la siguiente de carácter pre-indutrial, es el objeto del comercio mundial de tabaco en rama y la realizan los procesadores intermediarios y la última la propiamente industrial la desempeñan las grandes sociedades de fabricación y los monopolios estatales que en algunos casos y en determinados países también llevan a cabo la fase anterior.

       Aunque sin una base documental sólida, generalmente se admite, que la primera instalación permanente para la elaboración del tabaco en España y posiblemente en el mundo, fue la de San Pedro de Sevilla en 1620, a lo que pudo contribuir decisivamente el monopolio del comercio con las Indias (de donde provenía esta planta), que disfrutaba esta ciudad. Pero las primeras fábricas especializadas en la elaboración de cigarros (rollos de hojas de tabaco, el clásico puro, mientras el cigarrillo de menor tamaño se forma envolviendo picadura en papel de fumar), no aparecen hasta principios del siglo XIX, siendo la primera en Alicante (1801), siguiéndole La Coruña (1808), Madrid (1809), Gijón (1823), Valencia (1828), Santander (1835) y Logroño (1901).

       El país vasco, al amparo de los Fueros, no estaba sujeto al monopolio estatal, que suponía la renta del tabaco, ostentando el derecho a la libre elaboración, circulación y venta, que tenían entidad importante, sobre todo, por las actividades de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, fundada en 1728. A mediados del siglo XIX, funcionaban siete tabaquerías o cigarrerías en San Sebastián, una en Tolosa y otra en Vitoria (que empleaban a unos setenta trabajadores), además de las de Bilbao.

       La abolición de los Fueros por la Ley de 21 de Julio de 1876, supuso la supresión de los derechos tradicionales, obligando a las Corporaciones Administrativas, a impulsar la instalación de fábricas en Bilbao (1 de Julio de 1878) y San Sebastián (12 de Julio del mismo año). Hay que suponer que ambos centros utilizaron las tecnologías de la época, de carácter marcadamente artesanal y entre las que destacan en la fabricación de cigarros, las utilizadas por las cigarreras y que, en los productos de mayor calidad y precio, han perdurado hasta nuestros días.


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