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Un poco de historia

       La producción de cemento natural se inició en Inglaterra en el siglo XVIII, introduciéndose en Guipúzcoa en 1836, durante la primera guerra carlista, por soldados ingleses, que lo utilizaron en la construcción de las defensas de San Sebastián, y posteriormente por trabajadores de la misma nacionalidad en la fábrica de Iraeta (1), que en aquellas fechas fabricaba frascos metálicos para el transporte de mercurio y que lo usaron en las labores de edificación y reparación, de tal forma que a los pocos años ya se fabricaba en la zona.

       La primera información documental sobre la elaboración de cemento natural en las cercanías de Arrona, es una escritura fechada en  Marzo de 1846, en la que se constituye una compañía "para la fabricación de cal hidráulica y común", entre José Leonardo Corta, vecino de Cestona, Manuel Linazasoro y José María Zubimendi, éstos, vecinos de Deba y que tienen en concesión una mina de carbón piedra en el término de Irabide del monte Erchina, en Aizarna.(2)

       Unos meses después (26-05-1846), Esteban Linazasoro solicita y recibe en cesión, por nueve años, la antigua ferrería de Alzolaras de abajo, que lleva tiempo parada, "con objeto de pulverizar la cal hidráulica que

Carta

Carta de Corta y Cia fechada en 1902 (original cedido por Ion Gutiérrez Irigoien) .

se propone hacer en el horno de fundición de vena, que se halla al frente de la misma ferrería y otros que por su cuenta pueda hacer". (2) En el mismo documento se compromete a hacer a su costa las ruedas y demás maquinaria que necesite para pulverizar la cal.

       También en la ferrería de Iraeta y antes de 1850 se elaboraba cal hidráulica aprovechando los elementos de que se podían disponer en la misma, para  esta nueva actividad.

       Según Madoz (3) en 1847, los montes que hay entre Zumaya y Deba, "están compuestos en su generalidad por piedra calcárea heladiza, de primera calidad, para hacer la nueva cal hidráulica, que con tanta aceptación se emplea en las obras de agua, y la que por sus efectos sorprendentes, ha rivalizado y sobrepujado a la Puzolana de Italia". De esta cita cabe deducir que, aún siendo un producto nuevo, su uso se estaba extendiendo y el aglomerante, adquiriendo prestigio, aunque aún su obtención se realizaba de forma rudimentaria, pues el autor no menciona ninguna fábrica.

       En un contrato firmado el 6 de Octubre de 1851, entre un representante de Fermín Lasala, contratista de las obras de mejora de los muelles de San Sebastián, y Nicolás Gurruchaga, vecino de Zumaya, éste último "se obliga a suministrar todo el cemento (o lo que vulgarmente se llama cal hidráulica triturada) que se necesite en las obras subastadas con el Gobierno, para la mejora de este puerto, al precio de siete y cuarto reales de vellón cada fanega, medida de esta ciudad cuando las entregas que haga sean en sacos, y al precio de ocho y cuarto reales fanega, cuando se verifiquen las entregas en barriles bien condicionados de a cuatro fanegas cada uno". A continuación se acuerda que: " La cal deberá ser convenientemente calcinada y bien pulverizada, pasada en tamiz fino, pura, sin mezcla de otra materia y que amasada con agua haga cuerpo con prontitud". (2)

Mineros

Trabajadores de las minas de lignito de Aizarna que abastecian de combustible las fábricas de cemento natural hacia 1.915. (Cedida por Axun Irureta).

       Desde el inicio de su fabricación, el cemento natural, gozó de gran aceptación, pues fraguaba en unos minutos y resistía durante años, sin sufrir alteraciones, la acción de las aguas marinas y selenitosas, por lo que se utilizó en obras de puertos y muelles con gran éxito.

       Estas cualidades de resistencia al agua de mar procedían tanto de la calidad de las margas, extraídas en las canteras de las cercanías de Arrona e Ibañarrieta, como de la utilización, como combustible, del lignito, extraído en las cercanías de Aizarna (4), y cuyas cenizas con gran cantidad de sílice (aproximadamente el 50%), y por lo tanto con propiedades puzolánicas, se incorporaban al cemento, "en una cantidad de 250 Kgs por tonelada de aglomerante o lo que es lo mismo, 12,50 Kgs. de cenizas por cada saco de cemento de 50 Kgs.", aportando un 12,50% de sílice a la composición final del cemento natural, lo que evitaba su degradación.

       Todo ello llevó a afirmar a los fabricantes, en 1930, que los ensayos realizados "llevan al convencimiento de que el cemento de Zumaya, cuya inalterabilidad química ante las aguas de mar ha sido demostrada por una larga experiencia, solo puede fabricarse con la utilización de las dos primeras materias (marga y lignito), que la naturaleza ha colocado en abundancia en esta comarca cementera  de Zumaya", manifestando así mismo "el mal resultado que se obtiene haciendo la calcinación de nuestras margas con otros combustibles que no sean el lignito". (5)

       El Ministerio de Fomento (Orden 25/2/1930), calificó al cemento de Zumaya, como una de las seis variedades de aglomerantes diferenciadas que se utilizaban en aquella fecha, quedando definido en el artículo 29 como:

      "Se llama cemento de Zumaya o simplemente Zumaya, al cemento natural de fraguado rápido obtenido por la calcinación de margas, sin adición de materiales en crudo ni en frío, y que son análogos a los fabricados en la región cementera de Zumaya". (6)

       La coincidencia en una pequeña área geográfica de estas dos materias primas adecuadas para la fabricación de este cemento natural hidráulico de calidad y en consecuencia, los reducidos costes de transporte desde el lugar de extracción hasta el de elaboración, así como la existencia del cercano puerto de Zumaya para su expedición, permitieron la instalación y desarrollo, en el valle de Arrona y sus cercanías, de varias fábricas especializadas en su producción, convirtiéndolo en pocos años en un importante núcleo cementero, de tal forma, que en "1881 se confeccionaron en esa zona más de 17.800.000 toneladas de este cemento, que no sólo se emplea en obras hidráulicas y especialmente en los puertos de mar de nuestra Nación, sino también en las de Socoa, Bayona, Burdeos, así como en otros puntos del Extranjero y Ultramar"(7).

       A pesar de las excelentes cualidades del cemento natural, la generalización del uso del Pórtland supuso una competencia difícil de superar, lo que obligó a los fabricantes más importantes de la zona, en la época –los Alberdi- a iniciar su producción los primeros años treinta del siglo XX, simultaneando ambas fabricaciones, hasta mediados de los cincuenta, para después de casi un siglo de actividad, abandonar el producto que había sido el origen y soporte de la industria de la zona. El resto de los fabricantes que no se adaptaron a la nueva situación fueron reduciendo progresivamente su producción hasta desaparecer totalmente, siendo el último que cesó en la actividad, Uriarte, Corta y Zubimendi, en los años setenta.

 

(1) Múgica, Serapio. Geografía del País Vasco-Navarro. Guipuzcoa.

(2) Documento original facilitado por Ismael Manterola.

(3) Madoz, Pascual. Diccionario Estadístico Histórico. Tomo IX

(4)Cementos Alberdi S.A. Catálogo de imagen. Hacia 1952

(5) S.A.Cementos de Zumaya. Cemento Puzolánico inalterable por las aguas de mar y por las selenitosas. Pliego General de Condiciones ....  Folleto 1930.

(6) Gaceta de Madrid del 7 de Marzo de 1930.

(7) Goenaga, Ignacio.  Estado actual y porvenir de la industria minero-metalúrgica en Vizcaya, Guipuzcoa, Navarra y Santander ... 1882. Colegio Ofc. de Ingenieros Técnicos de Minas. Bilbao

 


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