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Maestros campaneros

         Las campanas, que el diccionario define como "instrumentos metálicos, generalmente en forma de copa invertida, que suenan al ser golpeados por un badajo o un martillo exterior", tuvieron diversas formas en el pasado, siendo a partir del siglo XIII cuando adquieren la configuración básica actual. Hasta esta época fueron de reducidas dimensiones para ir aumentando su tamaño llegando a pesar 40.000 libras la de Toledo (siglo XVI) y hasta 440.000 la Tzar Kolokol (1733) de Moscú, ubicada en el Kremlin, la mayor del mundo entre las tocadas. En nuestro país la más destacable por su calibre (11.960 kgs.) es la María de la catedral de Pamplona construida en el 1.584.

         Los sistemas para su fabricación han cambiado sustancialmente con el transcurso del tiempo aunque en algunos casos todavía se mantiene en sus aspectos más básicos la construcción tradicional. Además los maestros campaneros han pasado de trasladarse de un lugar a otro en busca de los demandantes de campanas y construirlas generalmente junto a la iglesia en que iba a colocarse (evitando con ello los difíciles problemas de su transporte en el pasado), a disponer de instalaciones fijas.

         Tradicionalmente se han utilizado las campanas con diversos fines tanto de carácter social como religioso. Antxon Aguirre Sorondo, uno de nuestros más destacados etnógrafos, señala entre los primeros su empleo para llamar a la población (por ejemplo para asistir a los concejos), comunicar noticias como el inicio de las fiestas patronales (el repique de campanas) o transmitir alarma por haberse producido un incendio o cualquier otro hecho de consecuencias no deseadas. Entre los segundos sobresalen su uso para convocar a los actos litúrgicos o la oración individual así como para comenzar alguna actividad como las procesiones o informar de la celebración de bautizos, funerales o de la administración de viáticos a los enfermos así como diversas circunstancias como la muerte de algún vecino.

         Las campanas deben construirse de acuerdo con las necesidades de la zona a que van destinadas requiriendo sonidos muy agudos cuando las poblaciones están dispersadas o graves en caso contrario. Es muy frecuente, sobre todo en las de mayor tamaño, que tengan su propio nombre y que vayan firmadas por el maestro que las construyó. En algunos casos incluso reflejan opiniones políticas como la de la ermita de San Miguel de Zeanuri como recoge Resurrección María de Azcue y que dice "en los contornos en que se oiga el sonido de esta campana no entrará el liberalismo".


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