Los cajistas han tenido que reunir tradicionalmente unos conocimientos y habilidades que los diferenciaban del resto de los trabajadores. Su tarea se desarrollaba en pequeños talleres artesanales (salvo en periódicos o grandes imprentas), con un intenso olor a tinta o petróleo y frente a un chibalete, armazón de madera (especie de armario) con una parte superior amplia e inclinada donde se iban montando los moldes.
Hasta hace unos 15 años, el cajista experimentado iniciaba la tarea maquetando con más o menos detalle el proyecto del trabajo a realizar y que iba a servirle de guía en las operaciones posteriores.
En el chibalete se colocaba la galera (plancha metálica de diversos tamaños) y en ella iba depositando el cajista las diferentes partes del molde que tenía que componer,- las líneas de texto necesarias, espacios en blanco, filetes, grabados, etc., con el resultado de un molde cuadrangular o rectangular, formado por cientos de pequeñas piezas con un ajuste perfecto, pues de no lograrlo, existía el riesgo de que al introducir el molde en la máquina de imprimir, la fuerza de presión y arrastre de los rodillos, al entintar, hicieran saltar las letras lo que podía originar desperfectos en la máquina, además de obligar a elaborar otra vez el molde. Acabada esta operación, se ataba con una cuerda, dándole varias vueltas a su alrededor para evitar que saliesen las distintas piezas y formase un bloque compacto.
Aprendices de cajistas trabajando sobre los chilabetes. En primer término la linotipia (cedida por el instituto politécnico Salesiano de Pamplona).
El molde, ya atado, se trasladaba con la galera a una prensa; en ésta se entintaba manualmente, se le colocaba un papel encima y se le pasaba un rodillo giratorio por la parte superior, con lo cual se conseguía una copia que servía para hacer las correcciones necesarias, que solían ser: correcciones del cajista, erratas, cambios de letras, mal espaciado, etc., etc. y "correcciones del cliente o autor". Las primeras, generalmente las realizaba el cajista y en muchas ocasiones daba el adelante para su impresión. Conseguida la prueba o pruebas, se limpiaba la tinta con petróleo.
Una vez impreso el molde se procedía a su distribución y almacenamiento que consistía en deshacer el puzzle con decenas o centenares de piezas que lo formaban, y colocarlas en los departamentos correspondientes de sus cajetines respectivos. Era una operación lenta y desagradable, que a veces efectuaban aprendices u operarios de menor cualificación profesional. Esta operación había que realizarla con urgencia, pues se necesitaba el material para realizar otros trabajos. Las imprentas editoriales almacenaban en pilas las páginas de sus diccionarios, enciclopedias, libros, etc. lo que implicaba ocupar grandes espacios e inmovilizar elevadas cantidades de material y dinero.
2011 Oficios Tradicionales. Departamento para la Innovación y la Sociedad del Conocimiento